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Cultura y Naturaleza Local

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    ¿Qué proponemos?

     

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     * Conexión viaria

     

     * Aparcamiento

     

     * Recuperación del viario histórico 

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    Barrio del Madroñal · Santa Brígida · Gran Canaria

    Documento elaborado por iniciativa vecinal

    8 de octubre de 2026

     

     

     

    Introducción

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    Si hay algo en lo que todos los vecinos del Madroñal coinciden es en la inexistencia de zonas de aparcamiento. En el barrio no hay ningún espacio habilitado para dejar los vehículos. Ninguno. Es el problema más visible, el que se sufre cada día, y precisamente por eso tiende a tapar otros igual de urgentes pero menos obvios.

    Uno de ellos es especialmente serio: el barrio está clasificado como Zona de Alto Riesgo de Incendio (ZARI). Las calles son demasiado estrechas para que circulen dos vehículos a la vez, hay tramos sin salida y no existen vías de evacuación alternativas. Si hoy hubiera una emergencia grave, los servicios de bomberos y ambulancias tendrían serias dificultades para acceder a muchas viviendas. Y los vecinos para salir. Todos estos problemas tienen una solución común, y este documento la expone.

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    La problemática del barrio

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     Aparcamiento

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    El Madroñal no dispone de los espacios de aparcamiento suficientes para el número de habitantes que en él residen. Los vecinos resuelven como pueden una necesidad básica que en cualquier otro barrio está garantizada: en márgenes de caminos, en espacios sin uso definido, en parcelas de terceros. No es una solución, es una improvisación colectiva que llevamos años sosteniendo porque no ha existido voluntad política para dar respuesta a esta necesidad.

    No se trata de un capricho. Otros barrios del municipio cuentan con infraestructuras que el Madroñal nunca ha tenido. El Ayuntamiento ha invertido ha invertido en acondicionar y señalizar aparcamientos junto al colegio Juan del Río Ayala; ha repavimentado viales en La Atalaya, Pino Santo, La Concepción, Camino La Presa y Casas del Mocán; y ha ejecutado mejoras de infraestructuras en Lomo Lucas y Bajo Risco. El entonces alcalde José Miguel Bravo de Laguna reconoció públicamente que las medianías son la zona del municipio menos atendida en los últimos veinte años. El Madroñal forma parte de esas medianías, y los números lo confirman: cero plazas de aparcamiento en suelo público, cero viales reconocidos, cero mantenimiento de los caminos interiores del barrio.

    La situación actual tiene además un punto de fragilidad que conviene no ignorar: hoy, los vecinos aparcan en una parcela privada. Esa misma parcela es donde están los contenedores de residuos, y el único espacio donde los camiones de recogida de basura y los vehículos de emergencia pueden maniobrar para salir del barrio. Todo eso —el aparcamiento, la recogida de basura, la circulación de los servicios municipales— descansa sobre la disponibilidad de un terreno que no es nuestro y que puede desaparecer en cualquier momento. No se puede obviar que el actual planeamiento urbanístico de Santa Brígia no permite el uso de un terreno rústico de protección agraria como uso de aparcamiento. Esta no es una base sobre la que pueda sostenerse la vida normal de un barrio.

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    Un barrio en zona ZARI

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    El Madroñal está clasificado como Zona de Alto Riesgo de Incendio (ZARI) por el Gobierno de Canarias, como puede comprobarse en la cartografía oficial disponible. No es una calificación menor: implica que vivimos en un entorno donde el riesgo de incendio forestal es especialmente elevado y donde la capacidad de respuesta ante una emergencia puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.

    La configuración actual del barrio no está a la altura de esa realidad. Las calles son demasiado estrechas para que circulen dos vehículos a la vez, y hay tramos sin salida que impiden maniobrar a los vehículos de emergencia.

    El problema se multiplica si pensamos en una evacuación simultánea. Si los vecinos necesitan salir al mismo tiempo que entran los servicios de emergencia, el barrio no tiene margen para asumir ese cruce. No existen vías alternativas que permitan separar ambos flujos. Y hay que tener en cuenta que la edad media de los habitantes del Madroñal hace que una evacuación rápida no sea siempre posible: hay vecinos que necesitan asistencia, y eso requiere varias ambulancias operando a la vez en un espacio que hoy no lo permite.

    Pero el riesgo no se limita a los incendios. Cualquier emergencia —un accidente, un problema de salud, una intervención urgente— exige que los servicios puedan llegar con rapidez y sin obstáculos. Hoy eso no está garantizado. El Madroñal, tal y como está configurado, no es un barrio seguro.

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    Un barrio sin accesos dignos

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    Los dos únicos accesos rodados del Madroñal desde la carretera general son el Camino Molino del Pilar y la calle Pedro Massieu y Matos. Ninguno de los dos permite el cruce simultáneo de dos vehículos en toda su longitud.

    El primero cuenta con un único apartadero situado a apenas 40 metros de la entrada y en terreno privado; el segundo acceso desde la general, que además soporta el tránsito diario hacia El Gamonal, tampoco permite la circulación contraria entre dos turismos, obligando a hacer maniobras de más de 50 metros marcha atrás. Algo que para los vecinos es una incomodidad cotidiana puede ser, para un vehículo de emergencia, un problema sin solución en el momento más crítico, en un momento en que se requiere máxima velocidad de actuación.

    Es fácil de entender que en una situación de emergencia, los vehículos que tratan de salir junto con los vehículos de emergencia que tratan de acceder podrían ocasionar un colapso fatal.

    Y lo que resulta aún más llamativo es que esta situación no sería admisible si el barrio se planificara hoy. Ninguna urbanización nueva recibiría la aprobación del Ayuntamiento con unos accesos como los que tiene el Madroñal. La normativa de urbanización de Canarias y los estándares operativos de los servicios de extinción de incendios establecen anchuras mínimas de vial que los accesos del Madroñal no cumplen. Un vehículo de bomberos estándar requiere una anchura libre mínima de 3,5 metros para circular, medida que los tramos más estrechos del barrio no alcanzan.

    El barrio ha crecido durante décadas sin que nadie pusiera freno a esa situación: cada propietario ha actuado según sus propios intereses, el Ayuntamiento ha mirado hacia otro lado, y el resultado es un entramado viario que no se aprobaría, que no se recibiría y que, sin embargo, seguimos pagando en impuestos municipales como si todo estuviera en orden.

    El barrio no tiene calles en sentido estricto. Tiene caminos, veredas, serventías, servidumbres… que fueron quedando entre parcelas, algunos de los cuales acabaron siendo los únicos accesos posibles a decenas de viviendas. Eso no es urbanismo: es la suma de decisiones individuales que nadie coordinó ni corrigió. Y es, precisamente, la razón por la que el Ayuntamiento tiene ahora la obligación de actuar.

    La solución: una sola actuación que lo resuelve todo

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    ​​​​​​​​Esbozo orientativo del trazado propuesto · Proyecto Conexión Viaria del Madroñal

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    Llevamos años hablando de problemas por separado: el aparcamiento, los accesos, la seguridad. Pero todos tienen el mismo origen y, por tanto, la misma solución. Una vía que conecte los dos accesos actuales del barrio —el Camino Molino del Pilar con la calle Pedro Massieu y Matos— transformaría de raíz la situación del Madroñal.

    No se trata de una obra faraónica. Hablamos de aproximadamente 170 metros de vía, diseñada para circular en un único sentido, con aceras a ambos lados y aparcamiento en batería. Una intervención quirúrgica que, sin embargo, resolvería de golpe todo lo que hoy no funciona.

    Con esta vía, el barrio tendría por primera vez un circuito de entrada y salida diferenciado. Los vehículos entrarían por un acceso y saldrían por el otro, eliminando los cruces imposibles y las maniobras interminables. Y lo más importante: al atravesar el barrio de lado a lado, esta carretera pondría todas las viviendas al alcance directo de los servicios de emergencia. No solo ante un incendio forestal, sino ante cualquier situación que requiera intervención rápida: un incendio en una vivienda, un accidente, una urgencia médica. Hoy eso no está garantizado. Con esta vía, sí.

    El aparcamiento dejaría de ser un problema. La propuesta contempla alrededor de 60 plazas en superficie, distribuidas a lo largo del trazado. Plazas reales, en suelo público, para todos los vecinos. Y no solo eso: tener aparcamiento en el corazón del barrio reduciría considerablemente la distancia que muchos vecinos recorren hoy a pie desde donde dejan el coche hasta su casa. Una distancia que hoy se salva por caminos empinados, con escaleras que no cumplen ninguna normativa, en un barrio con una edad media elevada y un clima que en verano no perdona y en invierno tampoco: frío, lluvia constante y caminos que se vuelven resbaladizos y peligrosos.

    Por último, el proyecto recupera los caminos históricos del barrio: las serventías y veredas que conectaban las viviendas interiores con los caminos principales, documentadas en los registros de la propiedad y visibles en las fotografías aéreas históricas. Pavimentadas como caminos peatonales, devolverían al barrio conexiones que se fueron perdiendo y harían del Madroñal un lugar más accesible.

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    Por qué esta solución funciona

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     seguridad ante emergencias

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    La normativa de urbanización de Canarias y los estándares operativos de los servicios de extinción de incendios establecen anchuras mínimas de vial que los accesos del Madroñal no cumplen. Un vehículo de bomberos estándar requiere una anchura libre mínima de 3,5 metros para circular, medida que los tramos más estrechos del barrio no alcanzan. Pero más allá de la normativa, hay una realidad que conviene tener muy presente: según la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), el tiempo de respuesta es determinante no solo ante una parada cardiaca, sino ante cualquier emergencia con riesgo vital. En todos estos casos, cada minuto que pasa sin atención reduce significativamente las posibilidades de supervivencia.

    La nueva vía atravesaría el barrio de lado a lado, garantizando por primera vez que cualquier vivienda sea accesible para los servicios de emergencia sin maniobras imposibles y sin depender de que no haya un coche mal aparcado en el único carril disponible. Con una población de edad media elevada, las situaciones que requieren intervención urgente no son excepcionales.

    A esto se añade el problema de la evacuación simultánea: si los vecinos necesitan salir al mismo tiempo que entran los servicios de emergencia, hoy no hay margen. Con la nueva vía, la entrada y la salida quedan separadas en dos accesos diferenciados, eliminando el riesgo de colapso en el momento más crítico.

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    Apunte sobre el riesgo de incendio en el Madroñal y su propagación

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    El Madroñal no es un barrio que esté cerca de un barranco: está en él. Las viviendas se asientan sobre sus laderas, rodeadas de vegetación y con una topografía que, en caso de incendio, convierte el entorno en un escenario especialmente peligroso.

    Para entenderlo no hace falta ser experto. El fuego sube. Siempre. Una llama en la parte baja de una ladera puede avanzar hacia arriba a una velocidad varias veces mayor que en terreno llano, porque el calor precalienta la vegetación que tiene por encima y el aire ascendente le suministra oxígeno de forma continua. Pero cuando ese fuego se encauza además por un barranco, se suma un fenómeno físico que los expertos en extinción conocen bien y temen: el efecto Venturi. Al comprimirse el aire caliente entre las paredes del barranco, gana velocidad de forma brusca, como el agua que se acelera al pasar por una manguera más estrecha. Expertos forestales que han analizado incendios recientes en España han documentado que el fuego puede alcanzar en los tramos más encañonados velocidades de entre 90 y 100 kilómetros por hora. En esas condiciones, el margen para evacuar se mide en segundos.

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    A esta realidad topográfica se añade algo que agrava aún más la situación: la pérdida progresiva de las serventías históricas del barrio. Estos caminos de uso colectivo, que durante décadas conectaron las viviendas interiores con los accesos principales, constituían vías de evacuación naturales para los vecinos. Su cierre unilateral por parte de particulares ha ido eliminando esas salidas una a una, dejando a muchas viviendas sin otra opción que los dos accesos principales, que —como ya se ha señalado— no pueden asumir simultáneamente la salida de vecinos y la entrada de vehículos de emergencia.

    Esta situación tiene también una dimensión legal que conviene tener presente. La Constitución Española establece en su artículo 33.2 que la función social de la propiedad delimitará su contenido, y en su artículo 128.1 que toda la riqueza del país, sea cual fuere su titularidad, está subordinada al interés general. Dicho en términos concretos: el derecho a la propiedad privada no es absoluto. Cuando el ejercicio de ese derecho compromete la seguridad de una comunidad —cerrando pasos históricos de evacuación en una zona declarada de alto riesgo de incendio— la Constitución ampara la intervención de la Administración para restablecer el interés colectivo. No es una opinión: es el marco constitucional que rige en España.

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    Muchas de las parcelas agrícolas del entorno llevan años sin mantenimiento, cubiertas de vegetación seca que actúa como combustible en plena zona ZARI. Las viviendas están pegadas unas a otras, sin franjas de seguridad, en callejones que no permiten el acceso de los vehículos de extinción. Y los caminos que antes permitían moverse por el interior del barrio van desapareciendo uno a uno. No se trata de alarmar: se trata de entender por qué todo esto junto —topografía, vegetación, accesos insuficientes y serventías cerradas— convierte al Madroñal en un escenario de riesgo real que el Ayuntamiento tiene la obligación legal y constitucional de abordar.

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    ​​Aparcamiento: plazas públicas donde hoy no hay ninguna

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    El Madroñal no tiene ni una sola plaza de aparcamiento en suelo público. Los vecinos llevan años dejando los vehículos en una parcela privada que no está habilitada para ese uso, que no dispone de señalización, que no cumple ningún estándar urbanístico y que puede cerrarse en cualquier momento por decisión de su propietario. En esa misma parcela están los contenedores de residuos, y es el único espacio donde los camiones de recogida de basura y los vehículos de emergencia pueden hacer la maniobra de giro para salir. Vehículos de gran tamaño, en un espacio que en muchas ocasiones está lleno de coches y no permite maniobrar con seguridad.

    La Ley 4/2017 del Suelo de Canarias establece como estándar mínimo para cualquier actuación urbanística una plaza de aparcamiento por vivienda fuera de la red viaria. El Madroñal nunca fue objeto de una actuación urbanística reglada y, en consecuencia, nunca contó con esa dotación. Pero precisamente esa ausencia de ordenación es responsabilidad del Ayuntamiento, que tiene la competencia y la obligación de ordenar el territorio bajo su jurisdicción. La solución propuesta vendría a corregir, con décadas de retraso, lo que debió hacerse en su momento.

    La nueva vía incorpora aproximadamente 60 plazas en superficie, distribuidas a lo largo del trazado, en suelo público y de forma estable. Plazas que además estarán mucho más cerca de las viviendas que el aparcamiento improvisado actual, reduciendo los recorridos a pie por caminos con alta pendiente, escaleras fuera de normativa y un clima extremo.

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    Apunte sobre la realidad de los viales del Madroñal

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    Las calles y caminos del Madroñal no están inventariados por el Ayuntamiento de Santa Brígida. No figuran en el inventario municipal de bienes, no tienen referencia catastral asignada —algo que puede comprobarse directamente en la capa de catastro de GRAFCAN, donde los viales del barrio aparecen como suelo sin clasificar— y su naturaleza jurídica no ha sido declarada formalmente por ninguna administración.

    Lo que sí aparece, en cambio, son las menciones en la documentación privada: las notas simples registrales de las fincas del barrio recogen estos caminos como linderos de las parcelas, denominándolos veredas, serventías o servidumbres según el documento. Es decir, la única constancia formal de que estas vías existen y han sido usadas por los vecinos durante décadas proviene de los títulos de propiedad privados, no de ningún registro o inventario municipal.

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    Esto no es una cuestión menor. El artículo 32 de la Ley 33/2003 del Patrimonio de las Administraciones Públicas —de aplicación básica a todas las administraciones, incluidas las locales— y el Real Decreto 1372/1986, por el que se aprueba el Reglamento de Bienes de las Entidades Locales, obligan a los ayuntamientos a inventariar los bienes y derechos que integran su patrimonio, incluyendo expresamente los caminos y demás vías públicas de uso general. El Tribunal Supremo ha señalado en varias sentencias que la obligación de inventariar existe con independencia de que los bienes ya consten o no como públicos, pues el inventario no es constitutivo del dominio público sino un instrumento de garantía y protección del patrimonio municipal. Y el Defensor del Pueblo ha instado expresamente a ayuntamientos a acordar la recepción tácita de callejones de uso público y su inscripción en el inventario municipal, recordando que se trata de una obligación legal, no de una potestad discrecional.

    El resultado de no haberlo hecho en el Madroñal es el que vemos: vías que los vecinos usan desde hace décadas, que aparecen en los registros de propiedad, que son visibles en las fotografías aéreas históricas, pero que para el Ayuntamiento no existen oficialmente. Un vacío que ha permitido que particulares cierren pasos de uso colectivo sin que nadie lo impidiera, y que ha dejado al barrio sin la protección que correspondería a cualquier vía pública reconocida.

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    El proyecto que aquí se propone es también una oportunidad para corregir esa situación: que el Ayuntamiento reconozca y recepcione las vías del barrio, las incorpore a su inventario y asuma las obligaciones de conservación y mantenimiento que la ley le impone desde hace décadas.

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    ​​​La recuperación de las serventías: lo que era de todos.

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    Las notas simples registrales de las fincas 5221, 6655, 6657, 13108, 17771 y 13534 recogen expresamente la existencia de caminos de uso colectivo —denominados serventías, servidumbres o veredas según el documento— como linderos de sus respectivas parcelas. No es una interpretación vecinal: está escrito en los títulos de propiedad de cada vivienda.

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    La serventía es una figura del derecho canario que nació del propio proceso de parcelación del barrio. Ningún propietario puede cerrarla por su sola voluntad porque no le pertenece en exclusiva: fue cedida por varias fincas a la vez para garantizar el acceso de todas. Su cierre unilateral es contrario a la ley, y su recuperación como caminos

    peatonales adoquinados no es una concesión de nadie: es restituir a los vecinos algo que siempre fue suyo.

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    Lo que pagamos y lo que recibimos.

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    Los vecinos que somos propietarios en el Madroñal pagamos impuestos municipales sobre nuestros bienes. Al mismo tiempo, el artículo 26.1 de la Ley de Bases del Régimen Local obliga a cualquier ayuntamiento, sin excepción, a garantizar el acceso rodado a los núcleos de población, la pavimentación de las vías públicas y la limpieza viaria. No son aspiraciones: son servicios mínimos obligatorios por ley.

    ¿Qué recibe a cambio el Madroñal? La recogida de basura, que se realiza en una parcela privada porque no existe ningún espacio público habilitado para ello, y uno o dos desbroces al año en los viales principales de acceso, nada más. El resto del barrio —sus caminos interiores, sus callejones, sus serventías— queda fuera de cualquier mantenimiento municipal. La limpieza, el desbroce, la conservación de los pasos que los vecinos usan a diario: todo eso recae sobre quien lo asume o, sencillamente, no se hace.

    En una zona clasificada como ZARI, donde la vegetación sin control es un riesgo real de incendio, esa dejadez no es solo una cuestión de comodidad. Es una negligencia con consecuencias directas para la seguridad de todos los que vivimos aquí.

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    Un barrio no puede estar al mismo tiempo exigido en lo que paga e incumplido en lo que recibe. La construcción de esta vía y la recepción formal de los caminos del barrio no son un favor que el Ayuntamiento le concede al Madroñal: son la corrección de una deuda que lleva décadas pendiente.

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    Una vía con base jurídica sólida

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     El suelo: agrícola, abandonado y sin cultivar

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    El terreno sobre el que discurriría la nueva vía está clasificado como suelo rústico de aptitud agraria, concretamente como subzona Bb-2 del Plan Insular de Ordenación de Gran Canaria, destinada a usos agrícolas y ganaderos. En la práctica, sin embargo, ese suelo lleva años sin cultivarse y, desde entonces, las parcelas han quedado colonizadas por vegetación oportunista que crece sin control, convirtiéndose en el combustible que agrava el riesgo de incendio descrito anteriormente.

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    Que el suelo sea agrícola no impide el proyecto. La normativa canaria —la Ley 4/2017 del Suelo y de los Espacios Naturales Protegidos— contempla expresamente la posibilidad de autorizar infraestructuras de interés público sobre suelo rústico cuando existe una justificación suficiente. Y pocas justificaciones son más sólidas que garantizar el acceso y la seguridad de un barrio en interfaz urbano-forestal habitado, clasificado como zona de alto riesgo de incendio, con dos accesos insuficientes y sin ningún vial interior que funcione.

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    ​  El precedente judicial: una servidumbre ya reconocida

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    La mayor parte del trazado de la nueva vía propuesta coincide con una servidumbre de paso forzosa reconocida por sentencia judicial firme: la dictada por el Juzgado de Primera Instancia nº 10 de Las Palmas de Gran Canaria en enero de 2017, confirmada por la Audiencia Provincial en diciembre del mismo año. Esa sentencia declaró el derecho de paso rodado de 4 metros de anchura sobre ese corredor, y el Ayuntamiento concedió licencia para su ejecución en enero de 2024.

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    Esto tiene una consecuencia práctica muy relevante: la Administración ya ha evaluado y aceptado ese trazado como el idóneo para dar acceso rodado a la zona. El proyecto propuesto no pide que se empiece desde cero, sino que se amplíe y complete lo que ya está reconocido, incorporando la anchura necesaria para una vía con aceras y aparcamiento. Eso reduce enormemente la incertidumbre jurídica y acorta los plazos de cualquier tramitación futura.

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    Alguno de los actuales beneficiarios de esta servidumbre estaríamos dispuestos, en caso de llevarse a cabo el proyecto, a la donación, en todos sus términos, de nuestra participación en la parcela que sirve.

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    ​ Puntos de recarga eléctrica: que el futuro también llegue al Madroñal

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    La transición hacia el vehículo eléctrico no es una tendencia lejana ni opcional: es una política de Estado con plazos concretos. La Unión Europea ha fijado que para 2035 todos los vehículos nuevos que se vendan deberán ser de cero emisiones. En España, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 establece como objetivo cinco millones de vehículos eléctricos en circulación antes de que acabe esta década. Y el Plan España Auto 2030, presentado por el Gobierno en diciembre de 2025, destina más de 300 millones de euros específicamente al despliegue de infraestructura de recarga en todo el territorio nacional, con el objetivo de que ningún ciudadano quede al margen de esta transición.

    Todo esto forma parte, además, del compromiso de España con la Agenda 2030 de Naciones Unidas y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible, en particular el ODS 11 —ciudades y comunidades sostenibles— y el ODS 13 —acción por el clima—. La movilidad sostenible y el acceso universal a infraestructuras de recarga son metas explícitas de ese marco.

    El Madroñal, hoy por hoy, queda completamente al margen de todo esto. La gran mayoría de las viviendas no tiene acceso rodado directo, lo que impide instalar puntos de recarga privados en las propias parcelas. Y sin zonas de aparcamiento público, no existe tampoco la posibilidad de desplegar puntos de recarga colectivos. El resultado es que un barrio habitado, con vecinos que pagan sus impuestos como cualquier otro ciudadano, no podrá acceder a una infraestructura que la administración considera esencial y que está financiando con dinero público en el resto del territorio.

    La nueva vía cambia eso. No de forma inmediata —no es el objetivo prioritario del proyecto—, pero sí de forma definitiva: al crear aparcamientos en superficie integrados en una vía pública, el barrio dispondrá por primera vez del soporte físico necesario para instalar puntos de recarga cuando llegue el momento. No habrá que hacer ninguna obra adicional ni replantearse la infraestructura desde cero. El proyecto lo deja preparado. Y en un barrio con una población de edad media elevada, donde muchos vecinos dependen del vehículo para su movilidad diaria, ese acceso al futuro no es un lujo: es una cuestión de equidad.

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    Un barrio mejor empieza por nosotros

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    Todo lo que se ha expuesto en este documento no es una queja. Es un diagnóstico honesto de una situación que llevamos demasiado tiempo normalizando, y una propuesta concreta para mejorarla de una vez.

    El Madroñal tiene un problema de aparcamiento, sí. Pero tiene también un problema de seguridad ante emergencias, de accesos insuficientes, de vías históricas cerradas por la voluntad de unos pocos, de un Ayuntamiento que ha mirado hacia otro lado durante décadas mientras el barrio crecía sin orden ni infraestructura. Todos esos problemas tienen una solución común. Y esa solución está documentada, tiene respaldo legal, cuenta con un precedente judicial firme y es técnica y económicamente viable.

    Esta iniciativa tiene vías para salir adelante. Pero queremos que los vecinos del Madroñal tengan la oportunidad de manifestarse y de apoyarlo mediante nombre, firma y dirección.

    Apoyar esta iniciativa no compromete a nada que no se quiera asumir. Es simplemente decir que se está de acuerdo en que el Madroñal merece tener aparcamiento digno, accesos seguros, caminos transitables y un futuro.

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